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Revista El Mueble y la Madera

 

Edificar en Madera
Entre prejuicios y temores.
Un recurso subvalorado

Alexandra Colorado Castro

Es tal vez el material más antiguo en construcción, sus excelentes resultados y aplicaciones se contemplan en obras arquitectónicas de gran belleza en Europa, Estados Unidos y algunos países de América Latina; sin embargo en Colombia, donde el recurso forestal abunda y la calidad de las maderas es garantía para aplicaciones estructurales, los prejuicios y temores han limitado su uso de manera injusta.


La madera es uno de los poquísimos materiales que puede considerarse como polivalente: se ha usado como estructura y como cerramiento interior y exterior, también en laminados, en carpintería, techumbres y cubiertas, pavimentos, lámparas, mobiliario, etc.” La afirmación de Carlos Ferrater, editor de ‘Tectónica’, una de las publicaciones españolas más prestigiosas sobre arquitectura y tecnología, enuncia algunas de sus múltiples aplicaciones en los campos constructivo y estructural, aplicaciones que europeos y norteamericanos reconocen por efectividad, belleza, costo y seguridad. 

De hecho, en Estados Unidos y Canadá, 9 de cada 10 casas tienen su esqueletaje en madera, en Suecia el 90 por ciento de la construcción de viviendas unifamiliares se realiza en este material y en otros lugares europeos como Alemania, cerca del 17 por ciento del total de la construcción también tiene como base este elemento natural, allí incluso se levantan edificaciones de hasta 3 pisos de altura, lo que demuestra la confianza que existe para su uso en países desarrollados. 

Sumado a estos índices, la industria de la construcción en madera mueve además grandes sumas de dinero, pues según ‘El estudio de antecedentes para un sistema prefabricado en madera destinado a la edificación en altura, adelantado por la universidad de Chile, para 1989 un total de US$22 mil millones fueron invertidos en la construcción en madera en Canadá; y en Chile, como ejemplo suramericano, hoy se hacen importantes inversiones en materia de vivienda de interés social; un hecho que no sólo rompe con la idea que la madera ofrece pocas garantías para la construcción, sino que además le abre nuevos espacios de aplicación e inversión. 


Con este panorama, sencillo pero diciente, aún no se entiende porqué en Colombia no se ha hecho extensivo el empleo de la madera para el uso en cuestión; el material se ha reservado para fabricar muebles, y en materia arquitectónica de las 3 aplicaciones básicas para obra: acabados, formaletería y uso estructural, sólo tiene empleo en los dos primeros casos, porque a nivel estructuras, los techos son el tema de referencia preferido por arquitectos y constructores nacionales. 

Esta realidad, paradójica por cierto, rivaliza con las excelentes condiciones que presenta Colombia en materia forestal y con las posibilidades del material en sí mismo, porque si bien es cierto que nuestros niveles de investigación tecnológica en madera no alcanzan los europeos y carecemos de la tradición que dan los años, también es cierto que existe un desconocimiento evidente sobre nuestras especies y gran desconfianza hacia el material. 


¿Es Realmente un Material Inseguro? 

Fernán Díaz, Profesor de estructuras en madera de la Universidad Nacional de Colombia, asegura que uno de los prejuicios más comunes tiene que ver con la resistencia del material frente al fuego, desconociendo que éste, si bien es combustible, también es mal conductor de calor. “La madera empieza a arder en su periferia, se vuelve carbón y éste actúa como aislante térmico frenando la combustión y permitiendo que el material interno permanezca intacto, lo que no ocurre con el acero que al calentarse pierde rigidez y colapsa”.

Por eso en otros países, la madera se utiliza comúnmente en armazones de gran tamaño, frecuentemente en sitios donde hay riesgo de incendio, incrementando en todo su perímetro a la sección estructural necesaria, en cerca de 5 centímetros; a manera de recubrimiento proyector, la razón, la combustión y carbonización de 1 centímetro puede tardar 15 minutos sin que disminuyan las propiedades resistentes de la sección interna, lo cual asegura resistencia a incendio hasta de 1 hora sin peligro de falla del elemento estructural. 

Estos desempeños corresponden a maderas coníferas (pinos) que son las más utilizadas en Europa para esqueletajes; en Colombia existen maderas más densas, que arden con mayor lentitud y tienen mejor resistencia. 

En el caso de las estructuras construidas con pequeñas secciones de 5 x 10 centímetros, como los “entramados livianos”, la combustión es más acelerada y por tal razón se reviste el armazón con materiales incombustibles como el yeso cartón (dry wool) que además de proporcionar la superficie acabada, constituye la protección necesaria contra el fuego (2 centímetros de espesor garantiza 60 minutos de resistencia). Existen además aplicaciones retardantes o intumecentes en los países que utilizan ampliamente la madera en construcción, logrando la seguridad que exigen las normas más avanzadas.

 Una segunda sombra que se extiende sobre la madera como material estructural, es el prejuicio con respecto a la humedad, y frente a ella son claros los mecanismos de seguridad según el profesor Díaz: construir relativamente elevado del suelo de manera que las bases permanezcan aisladas de plantas y zonas pastosas y además, utilizar barreras como telas asfálticas, polietileno, entre la madera y los cimientos, ésto garantiza gran impermeabilidad. 

Para Gustavo Garzón, ex catedrático de la asignatura de maderas en la Universidad de los Andes y experto en manejo y tratamiento de la misma, la humedad conduce generalmente a problemas de hongos e insectos, el tercer factor de rechazo para su uso en construcción. Frente a este inconveniente los sistemas de inmunización ofrecen amplias garantías ya que las sustancias utilizadas por las inmunizadoras reconocidas son realmente efectivas. 

En este punto existen básicamente 2 sistemas de inmunización: de aplicación de sustancias o multisales con brocha y por inmersión, cuando las piezas presentan bajo riesgo de ataques de hongos por humedad, y sistemas de vacío presión en autoclave (inyección del inmunizante), cuando las piezas tienen contacto directo con tierra o están expuestas a la intemperie. 

Todas y cada una de las soluciones desarrolladas por el hombre para asegurar el buen comportamiento de la madera en construcción, de acuerdo a la experiencia, arrojan los mejores resultados y por eso desconocer las ventajas del material parece insensato. El norte apunta entonces a explorar posibilidades y cambiar la óptica para aprovechar realmente el recurso. 

Ventajas Reales para Necesidades Específicas 

La aparente invulnerabilidad del concreto y esa confianza que por tradición tiene el colombiano hacia los materiales de mampostería son entre otras, algunas de las razones para que en Colombia el uso de la madera en construcción se limite a techos y acabados, cuando son ya conocidas las propiedades mecánicas y de resistencia que presenta el material. 

Por ejemplo, la madera tiene un comportamiento excepcional en zonas sísmicas, pues absorbe mejor las fuerzas dinámicas de los temblores dada su flexibilidad, elasticidad y poco peso. De hecho, una estructura de madera puede ser 5 veces más liviana que una en concreto, lo que reduce la inercia evitando la aceleración de la estructura y su colapso. 

“Hace 4 años una zona del Chocó sufrió tal vez el sismo más fuerte que haya registrado el país, 7.2 sobre la escala de Richter, mucho más intenso que el de Popayán o Armenia. Allí no había construcciones altas y sin embargo alrededor de las vigas de las casas (en madera) se abrieron huecos de por lo menos 1 metro de ancho, las viviendas se inclinaron pero permanecieron intactas. Si las construcciones hubieran sido en ladrillo se habrían destruido totalmente como sí ocurrió en Armenia” cuenta Fernán Díaz. 

Por otro lado, la madera también actúa como material aislante del frío o calor, ya que conduce mal la temperatura; 1 centímetro de espesor en madera trabaja igual que 4 centímetros de arcilla o ladrillo o bien como 10 de concreto; sumado a esto, su resistencia en maderas de tipo A como el caimito o algarrobo, es similar a la del concreto normal, es decir 210 kilos por cm2 o 3 mil libras por pulgada cuadrada, cualidad más que desconocida, ignorada. 

A nivel de costos de fabricación, la madera puede ser más económica que la mampostería dependiendo de la variedad empleada. Según Díaz, en Chile existen estructuras fabricadas totalmente en eucalipto, especie que presenta un excelente comportamiento estructural y cuyo precio no resulta tan elevado frente a maderas preciosas. Particularmente en Colombia, esta especie no tiene aplicación en el campo referido porque no se han explorado sus potencialidades. 

Vale señalar que los costos de la madera para su empleo en construcción están directamente relacionados con el desarrollo de la industria forestal de cada país, es decir, mientras se desarrolla productiva, organizada y eficazmente la actividad forestal, los precios tienden a bajar, caso inverso si dicha evolución padece de vicios. 

Por eso en Colombia, realizar sistemas constructivos en madera puede representar mayores inversiones dados los vacíos en manejo y aprovechamiento, la falta de exploración de nuevas especies, los vicios en la comercialización por intermediaciones y la tendencia, muy propia, a ignorar los parámetros que sobre la materia condensan documentos como ‘La Norma Sismoresistente NSR-98’ o ‘El Manual de Diseño para Maderas del Grupo Andino’. 

La Paradoja Nacional: Mucho Recurso, Poco Aprovechamiento 

Colombia presenta índices favorables para desarrollar una industria estable y rentable de la construcción en madera, pues cuenta con 45 mil especies de angioespermas (Planta que se reproduce por semillas en forma de flor) que son plantas superiores tropicales, de las cuales 2500 son aptas para construcción y 300 de ellas son tipos ya estudiados, y si se tiene en cuenta que las especies de pinos en el planeta sólo suman 600 aproximadamente, y son estos la base de la construcción en Europa, Canadá, USA y Chile, encontramos que la variedad nacional es mucho más amplia de lo imaginado. 

Igualmente, el país cuenta con un 68 por ciento de su territorio apto para tener bosque, pero sólo existe en el 46 por ciento de la superficie nacional. Colombia está en la zona geográfica más soleada del planeta y es el cuarto en el mundo en riqueza hídrica, contando así con las condiciones perfectas para la producción rentable y sostenible de la madera y sin embargo, sólo se utiliza el 11 por ciento de lo talado, 6 por ciento en la fabricación de papel y similares y 5 por ciento en construcción y muebles. La razón de tan ínfimo uso en construcción tiene “argumentos” que saltan fácilmente del plano cultural al económico 

Para Gustavo Garzón, la construcción en ladrillo es aceptada masivamente por la seguridad aparente que ofrece frente a la madera como producto natural y por ende, imperfecto. “Es curioso como en países altamente desarrollados utilizan confiadamente el material y en Colombia donde el recurso es cercano, donde los árboles crecen mucho más rápido y existe mayor diversidad y calidad para cualquier aplicación estructural, se menosprecia el recurso. En Estados Unidos, por ejemplo, los postes eléctricos son de madera porque el concreto para esta aplicación está prohibido, pero aquí un poste de madera es sinónimo de estancamiento, de atraso”. 

Para el profesor Díaz esta situación tiene su cuna en el manejo que las facultades de arquitectura han dado al tema de la madera, pues señala que sólo hasta hace algunos años cuando se popularizaron en nuestro país las estructuras en acero, provenientes del Ecuador inicialmente, dichas facultades incluyeron en sus programas de estudios las cátedras para madera. Así, generaciones anteriores nunca estudiaron este material y menos lo consideraron para sus obras, el resultado salta a la vista. 

Por eso, importantes centros de investigación y universidades como la Nacional de Colombia han realizado estudios para conocer las propiedades mecánicas y físicas de nuestras maderas, así como la tecnología avanzada para su mejor utilización. 

“Realizamos estudios, para madera laminada, con una especie llamada CARACOLI que generalmente se utiliza para asados y no se considera estructural, los resultados de laboratorio fueron superiores a las vigas comunes que se fabrican en Chile y que hacen aquí las mejores inmunizadoras. Fue una especie escogida al azar entre 15 que tenían en común los precios más bajos del mercado”, comenta Fernán Díaz. 

Este profesor también cuenta como la Universidad realizó un trabajo para el Pacto Andino fabricando prototipos (casas) en Bogotá y Cartagena que compitieron perfectamente con otras en ladrillo y cemento, lo que demuestra a la luz actual, tres hechos: el desaprovechamiento del recurso, el desconocimiento frente a investigaciones adelantadas por autoridades reconocidas y la despreocupación por cambiar esta realidad. 

La Estandarización y La Reforestación: Eslabones Problemáticos 

Los aspectos anteriores han originado una serie de problemas económicos delicados, como falta de estandarización de los elementos estructurales para obra, que sin duda, es consecuencia de los altos costos que la construcción en madera tiene en el país. 

Las medidas de las secciones de madera que tradicionalmente se vienen comercializando no se ajustan a las necesidades reales que se requieren estructuralmente para construir, las pocas secciones que normalmente se consiguen no son las más ventajosas para empleo estructural. 

Por ejemplo, una casa de dos pisos debe tener como diámetro en sus columnas 14 centímetros y sin embargo la medida “tradicional” es de 10, dimensión insuficiente para vigas o columnas. Igualmente, para construcción se debe trabajar con elementos de 29 centímetros de altura pero el mercado sólo ofrece 20, que para muros y techos puede funcionar, pero desestima otras áreas que aplican este calibre. 

Para regular este problema, El Pacto Andino en ‘El Manual de Diseño para maderas’ buscó estandarizar estas medidas a través de la ampliación de los rangos de uso, es decir, de las 7 secciones existentes se pasó a 19, número que permite a constructores y arquitectos fabricar fácilmente cualquier tipo de construcción siguiendo las medidas allí contenidas. Pero son pocas las inmunizadoras y expendios que venden estos calibres y número de secciones a pesar de su obligatoriedad porque, o bien no se conoce su existencia o bien los profesionales no las exigen para su trabajo. 

La falta de estandarización industrial de piezas encarece la madera para su empleo pues los niveles de desperdicio aumentan, el aprovechamiento es mínimo y en ocasiones la calidad tampoco es la requerida. Las maderas comercializadas sin seguir normas definidas que garanticen calidad, además de generar sobrecostos pueden comprometer el trabajo estructural, pues en buena parte de los casos, provienen de bosques nativos donde las condiciones de crecimientos de los árboles no son reguladas y por lo tanto no aseguran un buen comportamiento estructural. 

Y es aquí donde se toca el segundo gran eslabón de la serie: el atrofiamiento que padece la cadena forestal nacional caracterizada por una cultura de reforestación y certificación en vía de desarrollo, hecho que no ha permitido intensificar la producción de piezas, su consumo masivo, precios rentables, su aplicación y de paso, el desarrollo de mano de obra calificada para el trabajo constructivo en madera; un círculo vicioso inexistente en países con aprovechamiento real del recurso maderero.

 “La madera laminada en Colombia es una buena solución estructural pero en nuestro medio es muy costosa, aquí 1 m3 de esta madera vale millón 500 mil pesos y en Alemania está por los 250 dólares, máximo 600 mil pesos, entonces la tecnología común parece lejana, explica Garzón.

Este experto también afirma que los problemas citados encontrarían cierto alivio en las negociaciones comerciales que puedan surgir entre Colombia y Venezuela para el 2001, cuando el país vecino comience a producir 300 mil m3 de madera aserrada al año de Forestal Terranova y busque inundar mercados; nuestro país podría obtener madera industrial a precios cómodos, profundizar estudios en ingeniería para la aplicación estructural, apropiar sistemas constructivos efectivos, explorar nuevas alternativas de uso y sacudir los viejos complejos en la arquitectura. 

Por ahora, vale atender las palabras de Ferrater sobre el papel que juegan los arquitectos y constructores en la experimentación de nuevos usos y formas en la madera, pero su observación puede hacerse también extensiva a centros de investigaciones, universidades, reforestadores y todos aquellos que tienen un acercamiento directo con el material. Las posibilidades de creación siempre son ilimitadas y los temores sólo obstaculizan procesos necesarios que se ejecutan para beneficio de todos. 

“Un reto para el arquitecto que debe investigar cada una de ésta nuevas opciones para, desde el conocimiento en profundidad del propio material, respetando las leyes particulares de manipulación, mecanización, puesta en obra, etc., poder sacarle el máximo provecho funcional y expresivo”. Carlos Ferrater. Barcelona, mayo 2000. 


Fuentes 

  • Fernán Díaz: Arquitecto. Director del Centro de Investigación de Bambú y Madera CIBAM de la Universidad Nacional de Colombia. Realizó estudios en el Centro Científico y Técnico de la Construcción CSTB en París y realizó estudios de estructuras en madera en Kalsruhe (Alemania), además estudió construcciones en madera en la Universidad de Bio-Bio en Concepción (Chile). Profesor de la Universidad de los Andes durante 12 años, Profesor en la Universidad Nacional de Colombia por más de 30 años, ex catedrático en la Universidad Javeriana y la Universidad Piloto de Colombia. 
  • Gustavo Garzón:. Arquitecto de la Universidad de los Andes. Experto en tratamiento y manejo de Maderas. Ex catedrático de Maderas y Bambú en la Universidad de los Andes, La Universidad Javeriana y la Universidad del Cauca. Conferencista de la Sociedad Colombiana de Arquitectos. Miembro del Comité de Maderas de Icontec. Ex gerente de Inmunizadora de Maderas Serrano Gómez. 
  • Tectónica. Monografías de Arquitectura, Tecnología y Construcción. Maderas (I) número 11 Revestimientos. ATC Editores S.A. Madrid España. 1995. 
  • Lignum. Bosque, Madera y Tecnología. Número 44, Febrero 2000. Páginas 11-15.

Fotos:
Cortesía de José Luis López