Diez ‘pecados’ de los empresarios del mueble y la madera al comprar maquinaria industrial

comprar maquinaria industrial

Comprar maquinaria no es tarea fácil y muchos son los errores que un empresario puede cometer durante el análisis y la adquisición de un equipo. Conozca cuáles son los principales retos y qué hacer para evitar una mala decisión que le lleve a afrontar cuantiosas pérdidas de tiempo y dinero.

Camilo Marín Villar -Periodista

El corazón de toda fábrica de muebles es sin duda una buena maquinaria, pues ella le permite a la compañía obtener calidad en la línea de producción y conseguir los objetivos financieros deseados; en este sentido, la elección de los equipos es un tema de suma importancia. No obstante, adquirir una máquina para trabajar madera o tableros aglomerados no es una tarea fácil y muchas veces los empresarios cometen graves errores a la hora de tomar la decisión final; de hecho, más que errores se les podría llamar ‘pecados’, pues muchos industriales, a pesar de que son conscientes de ellos, continúan cometiéndolos.

Es cierto que hay empresarios muy juiciosos que estudian concienzudamente la oferta tecnológica del mercado, pero la gran mayoría no analiza todos los factores que hay que tener en cuenta para elegir la máquina más apropiada. La lista de ‘pecados’ de los gerentes del mueble y la madera en la compra de máquinas es extensa y variada, y va desde no conocer las necesidades específicas de su propia manufactura o comprar con afán, hasta permitir que la decisión se vea influenciada por la familiaridad o la amistad con las empresas comerciales.

Conocer el material a cortar
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La compra siempre debería ser el resultado de un plan estratégico que logre un buen equilibrio entre los requerimientos de la producción y las características técnicas de la máquina, no solo es un tema de precio; además, hay múltiples factores a considerar como la mano de obra,  el servicio postventa y el espacio de trabajo. Un proyecto de inversión tecnológica no debería tener margen para la improvisación, ya que comprar a la ligera una máquina es una apuesta que no sólo puede significar cuantiosas pérdidas de tiempo y de dinero; sino que, incluso, puede ser un paso en el camino hacía el fracaso empresarial.

Por el contrario, la elección apropiada de los equipos para una fábrica de muebles es, sin lugar a dudas, un aspecto que garantiza la calidad y la eficiencia de la producción, y que impulsa el crecimiento de la empresa. Ahora bien, la gran pregunta es: ¿cuáles son los principales ‘pecados’ que a diario comenten los muebleros en la adquisición de sus máquinas y cómo evitarlos?

1. Ignorar lo que necesita la producción y la empresa

Muchas veces los fabricantes del mueble y la madera no conocen los números de sus empresas, así que, lo primero es reconocer y apropiarse de los aspectos técnicos de la producción antes de buscar o comprar cualquier equipo. No importa si el objetivo es reemplazar  una máquina antigua o montar una nueva línea de trabajo, en cualquier caso es indispensable establecer los objetivos de la producción y hallar sus necesidades; es decir, hay
que saber claramente las características de los materiales a trabajar, los insumos que se emplearán, el volumen y la calidad de los productos, los tiempos de fabricación, el presupuesto y la mano de obra que se necesitará, entre otros aspectos.

Como en una relación entre un médico y el paciente, en esta etapa es importante que exista una comunicación amplia y franca entre la compañía proveedora y el empresario; de esta manera se asegura que la mayoría de criterios queden cubiertos para evaluar las alternativas y elegir la más completa para la fábrica. El equipo de trabajo se debe adecuar lo mejor posible a los requerimientos de la empresa y no al contrario.

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Para articular las necesidades concretas de la empresa con las prestaciones del equipo lo mejor es observar de comprarla, realizar pruebas en condiciones y retos similares a los de la manufactura de la fábrica, y analizar su rendimiento. Una vez se conocen los aspectos de la fabricación es importante analizar aquellas variables físicas y logísticas que condicionan la instalación y la puesta en marcha del equipo, entre las que se destacan:

Razones para comprar una nueva máquina

La compra de maquinaria puede motivarse, bien sea por la implantación de un proceso novedoso, por la mejora de otro ya existente, por el incremento de la capacidad de producción, o simplemente por una sustitución periódica de otra máquina similar que llegó al término de su vida útil.

Hay casos en los que la adquisición de un nuevo equipo se justifica totalmente pues ofrece menores costos de producción, ahorros sustanciales en materiales, menores consumos de energía e insumos, o porque genera valor agregado a los productos.

La compra también está motivada cuando el industrial no encuentra la prestación de servicios específicos en el mercado outsourcing y decide dejar de tercerizar y hacerlos internamente.

La obsolescencia de los equipos, una producción baja o con unos costos elevados son algunos de los criterios que deben guiar a la empresa en la adquisición de una máquina. Además, deben considerarse otros factores como el estado general de la economía, el futuro de la empresa y sus necesidades inmediatas, los objetivos a largo plazo y la selección de los medios adecuados para sus logros. Sin embargo, la realidad es que la necesidad concreta que surge en la empresa es la que plantea la adquisición de una nueva máquina.

  • Accesos al lugar donde se ubicará la máquina.
  • Área disponible para la instalación.
  • Fuentes de alimentación de energía necesarias (eléctrica, neumática, hidráulica, etc.).
  • Requerimientos de ventilación o aspiración general o localizada.
  • Alimentación y extracción de productoso piezas (materia prima, producto terminado).
  • Necesidad de cimentaciones y/o anclajes.
  • Requerimientos de recolección y/o tratamiento de desperdicios peligrosos (reglamentación medioambiental).
  • Iluminación.
  • Relación e interacción con los puestos de trabajo colindantes.
Maquinaria industrial

Al comprar secadores de madera, los empresarios omiten a veces mencionar todos los tipos de madera que desean tratar o no tienen en cuenta las posibilidades hacia el futuro, por lo cual terminan comprando un secador incorrecto y perdiendo dinero.

2. No apropiarse del proyecto  y no visualizarlo dentro de la estrategia

A un alto porcentaje de industriales del mueble y la madera se les dificulta identificar las novedades tecnológicas que ofrece el mercado dentro de su modelo de negocios, porque hay una tendencia natural a pensar que son los jefes de producción o los proveedores los que deben darle solución a la necesidad. Ese es un ‘pecado’, ya que piensan que la elección de la máquina es aislada y se puede dejar en manos sólo del proveedor o del jefe de producción.

Cuando el gerente se apropia de la compra de una máquina, aumenta la probabilidad de éxito de la inversión; en ese momento el empresario es capaz de evaluar las diferentes variables y proyectarlas; esto es clave para que los directivos involucren la compra del activo dentro de las estrategias de mediano y largo plazo de la empresa.

Bajo cualquier circunstancia empresarial, lo primero que el industrial debe preguntarse es: ¿cuáles son las necesidades productivas de la empresa? Si conoce los detalles de la manufactura, con seguridad podrá encontrar el equipo que más le convine.

3. No comparar técnicamente las cotizaciones, limitar la negociación a los descuentos

Según los expertos, el 80% de los industriales del sector maderero analiza las ofertas de los proveedores de maquinaria de manera parcial y privilegian aquellas que tienen los precios más bajos, cuando lo cierto es que, en cuestión de tecnología industrial, no siempre los equipos más económicos, ni tampoco los más costosos, son los más adecuados. Con frecuencia, cuando se presenta una diferencia amplia entre los precios de dos máquinas, aparentemente iguales, hay que revisar ‘con lupa’ los detalles de cada oferta.

En la proveeduría de maquinaria para madera hay compañías y vendedores que usan los precios bajos como su principal herramienta para atraer clientes, pero muchas veces las grandes ofertas sólo son utopías; lo mejor es verificar que las cotizaciones describan equipos del mismo nivel tecnológico e incluyan todos los valores del negocio. Si a los ojos del industrial las máquinas de dos firmas son prácticamente iguales, este se irá por la opción más económica.

maquinaria industrial

En ocasiones, el industrial no dimensiona la versatilidad que ofrece la tecnología y se limita a comparar los equipos con una realidad de fabricación limitada, sin percatarse que hoy las máquinas tienen la capacidad de realizar múltiples labores.

El ‘pecado’ no es elegir una máquina que cueste más o menos que otra, sino no entender el porqué del precio.

Y es obvio, en igualdad de condiciones y beneficios percibidos: ¿por qué habría de pagar más? Por ello hay que detenerse en la letra menuda y fijarse en los pormenores de cada oferta, por ejemplo: en el valor de los impuestos; sí se incluyen o no los componentes periféricos; en el kit de herramientas; en los tiempos de entrega; en los servicios de traslado, la instalación y la puesta a punto de la máquina; en la frecuencia de los mantenimientos postventa; en el cubrimiento de la garantía; en las capacitaciones que se ofrecen; en la financiación y, en general, en todos los detalles.

4. Comprar con afán para suplir una necesidad urgente

Según la experiencia de los expertos consultados, realmente, no es existen malas máquinas, sino malas compras y malos asesores. Y es que, por ejemplo, es frecuente que los empresarios del mueble y la madera compren tecnología en medio del afán, a veces por la urgencia de cumplir un pedido, y adquieran la primera máquina que estaba en existencia, a lo que se suma la falta de ética de algunos vendedores que aprovechan esta circunstancia y no les advierten sobre las limitaciones o las condiciones especiales del equipo, y se limitan a decir: “tranquilo… llévela que esa le sirve”.

La responsabilidad del asesor es acompañar la compra y encontrar la solución más completa posible para la necesidad del empresario, pues una vez instalada la máquina y el negocio está cerrado ya no hay marcha atrás, el ‘pecado’ se ha cometido.

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Buscar o hacer negocios sin tener las máquinas para fabricar es un gran pecado de los industriales, por ello compran con afán lo primero que encuentran.

5. Creer saberlo todo

Otro ‘pecado’ de los industriales es que creen que lo saben todo en cuestión de maquinaria y tecnología; la confianza exagerada puede ser contraproducente pues no le permite al empresario analizar con objetividad las bondades y las limitantes de los equipos. No hay que confundir el concepto; el ‘pecado’ no es tener vastos conocimientos sobre los procesos y la máquina que se va comprar, por el contrario, es ideal saber lo más posible de ambos temas, el error es dejar que la soberbia del conocimiento limite la capacidad de evaluar los adelantos tecnológicos y la evolución constante que tiene el procesamiento de madera.

En suma, es ser ciegos ante las propias fallas. No es sencillo reconocer este error, para hacerlo hay que poner atención a la forma en la cual se toman las decisiones de compra. Es importante observar sí la elección de las máquinas fue el resultado de un estudio completo, realizado en equipo, en el que participaron tanto los encargados de la producción como el departamento financiero, y sí tuvo o no la asesoría de un proveedor reconocido y profesional.

6. No cuestionar, ni enfrentar al vendedor

No solo se comenten errores por no saber escuchar, también están aquellos empresarios que, por timidez o falta de atrevimiento, omiten hacer todas las preguntas acerca de la máquina a los vendedores. En efecto, aunque parezca evidente, antes de comprar maquinaria hay que indagar hasta el límite y más allá, no importa sí se es muy insistente o se hacen preguntas obvias. Nada se puede dar por sentado.

A los vendedores cuando los sacan del libreto se pierden; es decir, cuando le hacen una pregunta que no es frecuente, o no estaba contemplada, se desubican y dudan en la respuesta, allí el empresario podrá reconocer el profesionalismo y la experiencia de quien lo está guiando en la compra.

No hay máquinas buenas o malas, los equipos sólo se deben evaluar como más completos y apropiados que otros para suplir una necesidad concreta de una empresa.

7. Dejarse influenciar por criterios no técnicos

La compra de máquinas para trabajar madera debe fundarse en razones exclusivamente técnicas y financieras.

Es un grave error tomar decisiones por primeras impresiones, empatía con el vendedor e información poco rigurosa e incompleta. Por ejemplo, cuando se compran equipos en eventos feriales los empresarios suelen interactuar con los comercializadores en sus stands; lo que, de hecho, trae excelentes ventajas pues en un solo lugar es posible encontrar reunida una gran oferta de tecnología, de alta calidad y prestaciones, a precios muy competitivos.

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Sin embargo, algunos gerentes ‘pecan’ al dejarse llevar por la puesta en escena del proveedor y visitan los stands según la atención, los pasabocas o el licor que les ofrecen, y terminan haciendo negocios por razones no técnicas y sin observar todas las alternativas de la exhibición. Vale la pena aclarar que no se trata de estigmatizar las buenas relaciones y la confianza que muchas veces existe entre los proveedores y los empresarios; de hecho, es muy importante tener siempre como aliadas a las firmas de maquinaria ya que son determinantes en el éxito del negocio, lo que se quiere decir es que es fundamental excluir cualquier criterio no empresarial de la decisión, y evaluar la mayor cantidad posible de razones técnicas antes de elegir la máquina.

8. Pretender que las máquinas son para trabajo perpetuo

Debido a la forma errada como en ocasiones se conciben los conceptos de productividad y rentabilidad en la industria maderera nacional, algunos empresarios suponen que una máquina es rentable, únicamente, cuando el equipo trabaja largas jornadas, con un mínimo de paros.

Productividad y rentabilidad

El ‘pecado’ es reducir la productividad y la rentabilidad a las horas de trabajo, ya que estos conceptos no se miden solamente en tiempo, sino que deben determinarse valorando todos los resultados del proceso; es decir, hay que incluir factores como el volumen de la producción, los costos de la mano de obra, el valor de la materia prima, la tasa de desperdicio, el consumo de energía, los insumos requeridos y el valor de los mantenimientos, entre otros.

El concepto de productividad de un equipo está estrechamente relacionado con los recursos utilizados y aún más con los resultados obtenidos; por supuesto, medidos en una unidad de tiempo, pero esto no quiere decir que la máquina será más productiva al trabajar 24 horas al día, siete días a la semana, treinta días al mes. Los fabricantes piensan que una máquina debería trabajar al máximo, el mayor tiempo posible, para que sea rentable. Sin embargo, no se percatan que la tecnología moderna logra niveles de productividad altos que, incluso, trabajando sólo algunos días a la semana es eficiente y productiva. Este es el caso de las molduradoras que hoy por hoy remplazan tres máquinas diferentes –un cepillo, una planeadora y un trompo– además de ejecutar el trabajo casi diez veces más rápido, por lo que puede estar detenida durante varios días a la semana.

De hecho, durante los periodos en los que la máquina no se encuentra funcionando también hay ahorros de energía y un menor desgaste del equipo; realmente no es tiempo improductivo y no hay lucro cesante, ya que con menos recursos se logran iguales o mayores ingresos. En ocasiones, el empresario se queja porque la máquina que compró está demasiado tiempo detenida y esto, según él, demuestra que no era necesaria dicha tecnología para el nivel de la producción de su fábrica; sin embargo, no comprende que la maquinaria moderna tiene tasas mínimas de producción y no existen en el mercado opciones menos veloces o menos productivas.

Lo que debería hacer el industrial es  buscar cómo aprovechar ese excedente de productividad y plantear alternativas como, por ejemplo, la fabricación de una nueva línea de productos o la prestación de servicios a la industria, entre otras ideas.

9. Comprar un equipo sobredimensionado

Otro caso en el que ‘pecan’ los empresarios es al comprar, sin razones técnicas, un equipo que supera por mucho la producción y se quedan con un alto porcentaje de la capacidad instalada improductiva, quizás porque desean a futuro tener la tecnología suficiente para crecer. Esto es totalmente valido dentro de un plan estratégico que tenga como objetivo el crecimiento de la empresa y su negocio, e involucre la máquina como una herramienta para alcanzar las metas propuestas; en otras palabras, sí hay un análisis técnico previo que demuestre que existe el mercado y la demanda suficiente para crecer, no hay problema, la compra se justifica.

De lo contrario, lo mejor es adquirir un equipo que supere las necesidades de la producción entre el 20% y el 30%, como máximo, con el fin de tener un margen de crecimiento controlado, sin llegar a comprar máquinas demasiado ajustadas que no permitan la expansión del negocio.

La adquisición de un nuevo equipo puede ampliar las alternativas de la empresa, la fabricación de nuevos productos o la prestación de servicios a la industria.

10. Buscar máquinas ‘hacelotodo’

Una frase recurrente de los empresarios al realizar el proceso de compra de un equipo es: “Pero… yo pensaba que la máquina hacía todo”. En efecto, muchos de los que buscan maquinaria industrial esperan y suponen encontrar tecnología multipropósito y útil para toda clase de trabajos y procesos. No obstante, los equipos industriales, por más avanzados que sean tecnológicamente hablando, tienen limitaciones. Sencillamente, no existe una ‘supermáquina’ que logre dar solución a todas las necesidades de las empresas, el éxito de la elección y la compra radica en obtener la solución más completa posible, que supla las necesidades de la producción y genere rentabilidad para la empresa.

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