Conversando con Andres

Miguel Rodríguez

Biólogo

Supongo que del tema a tratar en esta oportunidad, se habrán ya publicado variados y numerosos artículos, notas, informes y opiniones a lo largo de los 71 números de la revista M&M; no obstante, la desconocida importancia de algunas materias obliga a traerlas de presente y como del tema en particular no he opinado, con la venia del publico recalcaré en algunas de las propuestas que, para solucionar los cada vez más agudos problemas de vivienda para la creciente población Colombiana, surgen igualmente, de tiempo en tiempo.

Concluiré, como ya pueden advertir los lectores que, en el empleo de la noble madera se halla una de las más plausibles formas de atender la demanda de techos dignos, amables, cálidos y confortables que demandan y merecen por lo menos 3.000.000 de hogares en nuestro país. Surgió este tema bajo el abrazador calor que se soporta en alguna de las tantas ignotas plantaciones forestales en la llanura del Caribe, en la que me encontraba junto con el Ingeniero Andrés Rodríguez. Revisando los árboles e imaginando mejor que proyectando su futuro, nos dimos a la tarea de calcular –a ojo de buen cubero– si el área reforestada en nuestro país podría atender la demanda que surgiría, si los planes de vivienda consideraran que es la casa de madera una de las mejores y prácticas alternativas a implementar.

Para construir una casa de 42 metros cuadrados, refería Andrés, se requieren 6.5 metros cúbicos de madera aserrada, volumen que se obtiene tras procesar 19.5 metros cúbicos de madera en trozas o troncos redondos. Aclarando que las diferentes especies forestales que se plantan en Colombia presentan muy amplios y variados niveles de productividad, asumimos que con una especié típica, en suelos y condiciones ecológicas de calidad promedio, tras 20 años de cultivo se producen 280 metros cúbicos de madera aserrable por hectárea; en otras palabras, 14 familias podrían construir sus casas con la cosecha de cada hectárea de bosque plantado, incluyendo  mobiliario básico. Así entonces, tres millones de casas que hacen falta saldrían de cerca de 210.000 hectáreas de plantaciones en las que se cosecharían 58.500.000 metros cúbicos de madera, equivalentes al volumen que se quema cada seis años para atender los requerimientos de leña, combustible, del país, o a las hectáreas de bosque natural que desaparece anualmente a causa de la entronizada manía de ampliar las fronteras agrícola y ganadera.

Tiene en el mundo la construcción de casas en madera una tradición de cientos de años, la que se sustenta en sus claras ventajas económicas, energéticas, arquitectónicas y ecológicas. Podrán argüirse para menoscabar su promoción en Colombia, antecedentes y ancestros socioculturales, respetables pero difícilmente sostenibles, a los que se suman el hecho que futuras modificaciones del gran entorno urbano se dirigirán hacia la densificación de las áreas actuales ante una cada vez menor oferta de suelo urbanizable; aún es por tanto la vivienda en madera la solución tanto para el medio rural como para centros urbanos con posibilidades de expansión horizontal.

Examinamos luego con Andrés, cuales son las posibilidades que, descontando los aspectos sociopolíticos que enmarcan el tema de la vivienda, pudieran las plantaciones forestales que a lo largo y ancho medran hoy en el territorio colombiano, ser la fuente de madera para suplir el déficit de vivienda, al menos para los estratos uno y dos;  aunque algunos podrán afirmar que infortunadamente, aún así se quisiera, el país aún no contaría con una extensión de plantaciones suficientemente madura como para suplir el 30 por ciento de la demanda, es por el contrario la ya existente una extensión suficiente para comenzar, mientras maduran las restantes necesarias.

Aunque resulte algo paradójico, por causa de la ya comentada crisis que originaron los fenómenos climáticos de los últimos meses, surge al menos una oportunidad de considerar la vivienda en madera como una rápida y económica solución para una importante proporción de hogares que han perdido sus viviendas. Nos preguntamos, finalmente con Andrés, ¿cuánto más habrá que esperar para que los planes oficiales, no sólo consideren sino que incluyan esta alternativa?

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